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martes, 28 de febrero de 2017

Integrantes de Cooperativas Pesqueras de Quintana Roo bucean con Tiburón Toro











 

El pasado domingo 26 de febrero tuvimos el honor de recibir a integrantes de Cooperativas Pesqueras de Quintana Roo, quienes junto con Luis Lombardo de Saving Our Sharks y Jaime González de CRIM vinieron a vivir la gran experiencia con el Tiburón Toro. Nos dió mucho gusto ver lo entusiasmados que estában después de su inmersión con los escualos, ya que tuvieron la fortuna de ver alrededor de 10 tiburones toro durante nuestro legendario buceo.

En Phantom Divers esperamos sembrar mayor coniencia en los pescadores invitándolos a reenfocar su práctica hacia el cuidado y conservación de nuestros arrecifes, vida marina y playas. Que sean portadores de la voz hacia el turismo consciente y ecológico. Esto es importante para mantener nuestro mar limpio y aumentar el crecimiento de la población del tiburón toro que nos visita cada temporada de noviembre a marzo.


viernes, 27 de enero de 2017

Brazalete de Saving Our Sharks

Cada invierno en Playa del Carmen recibimos una especial visita: Tiburón Toro.

Durante la temporada de tiburón, cada vez que se realiza el buceo se adquiere un brazalete de Saving Our Sharks, que es una donación de $5usd para SOS



Como muchos ya sabemos, la asociación Saving Our Sharks en Playa del Carmen está realmente comprometida a la protección y conservación del Tiburón Toro

Dicha asociación tiene como principales objetivos la educación, monitoreo y etiquetado de los tiburones. Este proyecto ayuda a recaudar información para tener mayor entendimiento de estas especies. 
 

ETIQUETADO DE LOS TIBURONES

Hay dos tipos de etiquetados para los tiburones: 
  • Interno: requiere de la captura, incisión para introducirlo y sutura, posteriormente se libera.
  • Externo: Se aplica por medio de una lanza de pesca a un lado de la aleta dorsal. 

Los transmisores envían una señal que tiene un radio de recepción de 500m a 1km. El receptor esta localizado en lugares específicos para saber si los tiburones observados son los mismos que se han visto en años anteriores. 

20 receptores están actualmente instalados a lo largo de la costa del Caribe Mexicano. 




Este tipo de actividad es de suma importancia ya que se requiere seguir recolectando informacion con fines de investigación que nos permitirá entenderlos, trabajar con ellos para su protección. Estos estudios requieren de equipo y materiales costosos por lo que es muy importante la donación de todos los buzos. 

Con información de Saving Our Sharks

viernes, 18 de julio de 2014

Que el tiburón no le quite el sueño

(Publicado en los diarios Por Esto! de Yucatán y Quintana Roo. Viernes 27 de junio de 2014)

Por Juan José Morales

A todos aquellos que cada vez que entran al mar miran en todas direcciones temiendo ver acercarse velozmente la aleta de un tiburón, sin duda les interesará conocer las estadísticas 2013 dadas a conocer por el Registro Internacional de Ataques de Tiburón —o RIAT si se prefieren las iniciales— que mantiene el Museo de Historia Natural de Florida.



En total, durante el año pasado se documentaron 125 casos que pueden catalogarse como ataques de tiburones a seres humanos. Pero de ellos, únicamente 72 se consideraron no provocados, en el sentido de que ocurrieron en el medio natural sin que la persona afectada hubiera provocado de alguna manera al animal. De los 53 casos restantes, 28 se catalogaron como provocados por haber ocurrido después de que el tiburón fue arponeado, al sacarlo de una red de pesca o desengancharlo del anzuelo, cuando alguien intentó sujetarlo, mientras estaba siendo alimentado por turistas, y en situaciones parecidas. El resto cae en diversas categorías: ataques de animales confinados en acuarios o estanques de diverso tipo, contra botes, cadáveres de ahogados, etc.
La mayor parte de los ataques —34 en total, que significan casi la mitad— ocurrieron en aguas continentales de Estados Unidos, otros 13 en Hawai, que es también parte de Estados Unidos, 10 en Australia, cinco en Sudáfrica, tres en la isla de La Reunión en el Océano Índico, dos en Jamaica y los demás en diferentes lugares, con sólo un caso en cada ocasión.
Esa cifra de 72 ataques no provocados está por debajo de los 81 ocurridos en 2012, y de los registrados en los dos años anteriores a este último. Sin embargo, en líneas generales a nivel mundial el número ha estado aumentando de manera sostenida —aunque lentamente— durante más de un siglo, desde 1900 hasta la fecha. Pero ello no debe causar alarma. En primer lugar, porque el incremento es mínimo, y en segundo término porque resulta natural que así haya sido si se considera que la población mundial se ha más que cuadruplicado en ese lapso, pasando de 1 650 millones en 1900 a 7 200 millones en la actualidad.
Y no sólo hay cada vez más seres humanos —y por tanto más víctimas potenciales de un ataque de tiburón—, sino también cada vez más gente que se mete al mar, con fines recreativos o de trabajo. Hace cien años, sólo un reducido sector de la población podía darse el lujo, ahora accesible para muchísima gente, de viajar a la playa y tomar baños de mar. Y ni qué decir de la cantidad de personas que ahora realizan trabajos de buceo y practican deportes acuáticos desconocidos hace un siglo, como el acuaplanismo, la tabla vela o el buceo autónomo.
Pero, sobre todo, lo que ha habido en los últimos tiempos, es un mayor y mejor registro estadístico. Gracias a la cooperación internacional entre centros de investigación y autoridades de diferentes países, así como a las comunicaciones más rápidas y eficientes, actualmente se puede saber de incidentes con tiburones ocurridos prácticamente en cualquier lugar del mundo, incluso en lugares aislados y remotos, como pequeñas islas del océano Índico o el Pacífico.
De modo, pues, que no hay que temer a los tiburones. No son bestias asesinas que ronden por las cercanías de las playas en busca de bañistas desprevenidos, y las posibilidades de terminar en las fauces de alguno de ellos son insignificantes. Es mucho más probable morir fulminado por un rayo o víctima de una reacción alérgica por picaduras de insectos.